Música - El Yaraví

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YARAVÍ es una deformación castellanizada de la palabra quechua “jarawi” o “harawi” que significa “poema”. A su vez, “harawi” tiene su fundamento en dos raíces: el “arawi” o “araví”, que se refiere a la poesía triste, muy utilizada en las despedidas y entierros incas, que eran cantos melancólicos que se mezclaban con las quejas y los plañidos de las mujeres en el momento de un funeral,

y era acompañado por quenas y antaras. Asimismo, tiene su raíz en el “qarawi”, que eran cantos más alegres, que acompañaban a los hombres que trabajaban en las siembras y las cosechas. Eran pues, en la época pre-inca, cantos más rituales que temáticos.

El harawi Inca, El “Yaraví” primitivo, entonces “jarawi” o “harawi”, hasta la llegada de los conquistadores en el siglo XVI, no era un género musical, ni literario, era más bien una expresión espontánea de tristeza que se manifestaba con ayes y lamentos. Uno de los “arawis” más célebres que se conoce es aquél que entonara el pueblo cusqueño en el éxodo obligado por Huáscar hacia el Paititi (en la selva de Madre de Dios) en 1533, conformado por hombres, mujeres y niños que cantaban y lloraban al unísono el “arawí”: “Ama llakikuichischu, ama huaccacuichischu, kallanc’an paikikin jinan, Ccosco jinan, paikikin joj llacta, joj jatun llacta” que traducido al castellano dice: “No sientan pena, no lloren, ha de haber uno igual al otro, como el Cusco, igualito al Cusco, una gran ciudad”.

Según el testimonio de los cronistas Cristóbal de Molina, Martín de Morúa, Bernabé Cobo, Huamán Poma de Ayala, Inca Garcilazo de la Vega y otros, los “harawis” eran expresiones de todo aquello que significara una pena profunda, tanto individual como colectiva.

Asimismo, cuenta la historia que la conquista terminó por someter a los pueblos autóctonos a las más duras penas de la servidumbre y otras formas de explotación. Los “harawis” de los sometidos fueron constriñendo su temática para expresar la pesadumbre y la tristeza de sus creadores. Esta reducción de su temática expresiva fue acompañada por el cambio morfológico de la palabra “harawi” que se convirtió en la castellanizada “Yaraví”.

En la actualidad aún superviven algunos Jarawis que han terminado por asociarse con la música litúrgica andina, como el APU YAYA JESUCRISTRO, o el APU TAYTAYKU, canciones de mucho sentimiento cantadas en toda la serranía, no sólo del Perú, sino de Bolivia y Argentina.

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